El valor de la venganza

¿Quién no ha sentido resentimiento alguna vez? Ese sentimiento de frustración al verse desengañado y sin poder hacer nada genera una ira que se acumula segundo a segundo y de repente estamos haciendo planes verdaderamente malévolos para satisfacer nuestro honor, nuestra ira, el daño recibido – en otras palabras: vengarnos. ¿Quién no ha logrado vengarse? Sería una mentira decir que no se siente algo de alivio, una especie de júbilo, una victoria de nuestros sentimientos heridos – sale a flote la frase “no me alegro, pero siento un fresco” tratando de disfrazar el enorme júbilo por verse y sentirse vengado.

Pero entre tanto, no hemos reparado en el verdadero fondo de este proceso. Otro dicho dice “la venganza es un plato que se sirve frío“, animando así al vengador a no responder de inmediato, en el calor del conflicto, sino que debe esperar en la oscuridad de la traición, en la sombra de la venganza para cometer un acto de desagravio personal cuando su ahora victimario no lo espere y sea presa fácil. Enojo, ansiedad, incomodidad – son pequeñas molestias que se presentan mientras llega el ansiado momento, pero de manera oculta están sufriendo el corazón, el sistema digestivo y el sistema nervioso, en general habrá muchos síntomas que nos parecerán exagerados, pero cuyo origen está en esos ansiados actos de venganza; sus consecuencias no se harán esperar a manera de enfermedades y otras dolencias. No vale la pena vengarse porque el precio es muy alto – es nuestra salud corporal y mental, nuestro segundo a segundo, nuestra felicidad.

¿Y qué hay de la venganza cumplida? Después de ese espontáneo momento de “victoria” usted entrará en frustración aún más aguda, por cuanto la venganza tiene el seductivo poder de la adicción y en lugar de sentirse satisfecho, usted buscará más y más hasta extremos inimaginables. Y todos conocemos actos desesperados de venganza que terminan siendo difundidos por los noticieros a modo de reportajes crueles y desgarradores con finales trágicos para todos. Ni hablar de la respuesta – será un juego de nunca acabar – excepto de acabar con su tranquilidad, con su vida.

¿Qué hacer entonces? Si alguien se aprovechó de usted, tómelo como una experiencia más. Usted aprendió a caminar cayéndose y golpeándose, pero aunque en ese momento tuviese una rabieta de niño, no guarda sentimientos de venganza contra el piso ni la fuerza de gravedad, simplemente aprendió que existen – aunque a usted no le gusten, simplemente aprendió a vivir con ellos y a manejarlos eficientemente, aunque a veces tropieza y se golpea, pero no está perdiendo su tiempo en planes perversos que le destruyen el cerebro, el corazón, la paz y la vida. Acepte a quien le hizo daño, como acepta la fuerza de gravedad – no se deje caer, mantenga el equilibrio y ocúpese de cosas realmente importantes que sean la base de su felicidad. Deje el juicio a Dios, usted viva.

Salmos 75, 8 “El Señor tiene en la mano la copa de su ira, con vino mezclado y fermentado. Cuando Él derrame el vino, todos los malvados de la tierra lo beberán hasta la última gota”

Si quien le hizo daño se pudiera enterar de los efectos negativos que está logrando en su salud, estaría feliz de poder verle sucumbir mental y físicamente – no pierda su tiempo en venganzas, mejor dedíquese a amar. ¡Y viva feliz!

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